El gráfico que importa: por qué el bono a 30 años decide el futuro del sistema
La liquidez está envenenada.
No porque falte dinero, sino porque cada vez sirve para menos cosas reales.
Y si hay un lugar donde eso se ve antes que en ningún otro, es en el rendimiento del bono a 30 años de Estados Unidos. No en el Nasdaq. No en Bitcoin. No en la inteligencia artificial.
Ahí.
Hoy ese rendimiento se mueve peligrosamente cerca del 5%, un nivel que el sistema no puede tolerar durante mucho tiempo sin romper algo. No es una opinión: es matemática fiscal y política.
Por eso, antes de mirar el corto plazo, conviene levantar la vista y mirar el bosque completo.
Todo empieza —y termina— en la deuda
En los últimos días aparecieron dos noticias que muchos leyeron como “ruido geopolítico”, pero que en realidad apuntan al mismo núcleo: la desconfianza creciente hacia la deuda soberana de largo plazo.
Por un lado, China pidió a sus bancos que limiten sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense
https://www.bloomberg.com/news/articles/2026-02-09/china-urges-banks-to-limit-holdings-of-us-treasuries
No lo vendieron como un ataque a Estados Unidos, pero el mensaje es claro: no quieren quedar atrapados en duration larga de un emisor que probablemente va a licuar su moneda.
Al mismo tiempo, Japón vuelve a ocupar el centro de la escena. No como novedad, sino como advertencia. Su mercado de bonos muestra tensiones crecientes en un contexto de deuda estructuralmente impagable y rendimientos que ya no responden al libre mercado:
https://asia.nikkei.com/Business/Markets/Bonds/Japan-s-bond-market-shows-strain-as-debt-and-yields-collide
Japón no es el pasado. Es el manual de instrucciones del futuro.
El gráfico que manda: el 30Y estadounidense
Si querés entender todo lo que está pasando —y lo que puede venir—, hay un solo gráfico que no podés dejar de mirar:
Ese es el 30-Year Treasury Constant Maturity Rate, el rendimiento que el mercado exige hoy para prestarle dinero a Estados Unidos durante 30 años.
Cuando ese rendimiento sube, el mensaje es brutalmente simple:
“No confío. Dame más interés.”
Desde 2020, el 30Y no dejó de escalar. Cada intento de superar la zona del 5% generó correcciones violentas en acciones, cripto y activos de riesgo. No es casualidad. Es mecánica sistémica.
Por qué el 5% es una línea roja silenciosa
Estados Unidos puede convivir con déficits altos.
Puede convivir con deuda enorme.
Lo que no puede es convivir con deuda enorme financiada a tasas altas durante décadas.
Si el 30Y se mantiene arriba de 5–5,5%:
- el costo de refinanciar deuda se vuelve explosivo,
- el déficit fiscal se acelera,
- y la política monetaria deja de ser “independiente”.
En ese punto, la Fed tiene solo dos opciones reales:
- dejar que el sistema ajuste violentamente
- intervenir y licuar moneda
La primera no es políticamente viable.
La segunda es la que siempre se elige.
Las falsas salidas (y por qué no alcanzan)
Se habla mucho de “soluciones técnicas”, pero todas son parches.
Twist de curva: mover deuda corta para comprar deuda larga. Funciona un tiempo, pero destruye crédito al consumo.
Represión financiera: obligar a bancos a absorber bonos. Termina tensionando balances.
QE clásico: imprimir como en 2020. Hoy el mercado ya anticipa inflación y exige todavía más rendimiento.
Cada una compra tiempo, ninguna resuelve el problema.
El escenario más probable: control de curva encubierto
El camino más realista es un control de curva de rendimientos, aunque no lo llamen así.
No dirán “Yield Curve Control”. Dirán:
- “programa de estabilidad del mercado de bonos”
- “herramienta de liquidez”
- “mecanismo excepcional”
Pero el efecto será el mismo:
👉 imprimir dólares para comprar bonos y evitar que el rendimiento se dispare.
Esto es lo que muchos ya llaman un QE zombi: emisión infinita, pero concentrada en sostener la deuda, no en la economía real.

El bucle de la muerte del dólar
El mecanismo es perverso pero lógico:
- el rendimiento sube
- la Fed imprime y compra bonos
- el dólar pierde valor
- la inflación sube
- el mercado exige más rendimiento
- vuelta al punto 1
No hay salida elegante.
O quebrás rápido, o licuás lento.
El sistema elige licuar.
Por qué el oro y la energía se adelantaron
No es casual que los bancos centrales estén comprando oro a niveles récord:
https://www.gold.org/goldhub/research/central-bank-gold-reserves
El oro no se imprime, no depende de promesas y no tiene riesgo de contraparte. Captura inflación futura antes de que se haga visible.
Lo mismo ocurre con la energía. La expansión de la inteligencia artificial y los data centers está disparando la demanda eléctrica global:
https://www.iea.org/reports/electricity-2024/ai-and-data-centres
China, India y Rusia lo entendieron antes. Por eso avanzan con infraestructura energética mientras Occidente discute narrativa.
Bitcoin: de cajero automático a salida de emergencia
Durante meses, Bitcoin fue usado como fuente de liquidez.
Se vendía para cubrir márgenes, pérdidas o necesidades de cash.
Pero en un escenario de licuación monetaria sostenida, el rol cambia. Bitcoin pasa a ser activo anti-dólar de alta beta.
Eso no significa subidas limpias. Significa:
- volatilidad extrema
- liquidaciones violentas
- rebotes rápidos y desordenados
Los datos on-chain muestran acumulación de holders de largo plazo en caídas:
https://insights.glassnode.com/bitcoin-long-term-holder-accumulation/
Mientras tanto, el apalancamiento sigue generando zonas de estrés:
https://www.coinglass.com/BitcoinOpenInterest
Bitcoin no es refugio tranquilo. Es campo de batalla.
El rol silencioso de las stablecoins
Buena parte de la liquidez cripto está estacionada en stablecoins.
¿Dónde va ese dinero? A T-bills.
Tether reportó ganancias récord gracias a sus tenencias en deuda estadounidense:
https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-11-02/tether-posts-record-profit-on-us-treasury-holdings
Circle publica abiertamente su estrategia de reservas:
https://www.circle.com/en/transparency
Mientras el usuario espera, el emisor captura el rendimiento. En un entorno de inflación persistente, esa liquidez quieta se pudre. Y cuando el mercado entra en modo supervivencia, ese capital busca salida.
Inteligencia artificial: el riesgo que nadie quiere mirar
La IA promete productividad futura, pero hoy exige:
- capex gigantesco
- endeudamiento creciente
- consumo energético real
En un mundo donde el dinero deja de ser gratis, las promesas a 20 años pierden atractivo. Por eso vemos rotaciones hacia valor real y sectores defensivos.
El corto plazo existe, pero no manda
Sí, hay rebotes.
Sí, hay squeezes.
Sí, hay oportunidades tácticas.
Pero mientras el rendimiento del bono a 30 años de Estados Unidos siga presionando la zona crítica, todo rally es frágil.
El mercado está caminando por una cornisa.
Conclusión: no es el fin del mundo, es un cambio de reglas
Esto no es apocalipsis.
Es peor: es transición.
En unos años no habrá:
- optimistas y pesimistas
- alcistas y bajistas
Habrá:
- quienes tenían activos reales
- y quienes confiaron en promesas nominales
El gráfico ya lo está avisando.
Siempre avisa primero.
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